Ser espía antes y ahora. Dos diferencias clave

En el imaginario colectivo, el término espía siempre ha hecho referencia a una persona elegante, inteligente, resolutiva y con don de gentes. Y es que la influencia del cine y la televisión han hecho mella, y es casi imposible hablar de espionaje sin que nos venga a la cabeza un agente con licencia para matar. Pero eso forma parte de la ficción. Pero la realidad es muy distinta. El rol y el inventario han cambiado, y son muchas las ventajas y desventajas comparando la actualidad con el pasado. A continuación les ofrecemos diferencias que marcaron un antes y un después en el mundo del espionaje.

Equipos de espionaje

La tecnología ha avanzado muchísimo en muy pocos años. En los años treinta del siglo XX encontramos cámaras plegables de placas, pudiendo hacer un disparo por placa, mientras que veinte años después éstas fueron sustituidas por las cámaras de carrete o rollo. Actualmente las fotografías serían tomadas desde una cámara digital o un teléfono móvil, y los disparos no se limitarían a veinticuatro, sino que podrían ser cientos almacenados en una tarjeta de memoria. Yendo un poco más allá, las videocámaras de mano tal y como las conocemos hoy no fueron desarrolladas hasta los años sesenta, y naturalmente el tamaño no era el adecuado para una vigilancia encubierta. La cámara oculta era muy difícil de ocultar, lo que complicaba un poco la misión.

Micrófono Espía
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Por otro lado, los micrófonos han experimentado también en menor medida un avance. Ya en la década de los cuarenta encontramos micrófonos que funcionaban mediante la vibración del sonido en superficies como ventanas o paredes, la innovación reside en que se han ido escondiendo de manera más indetectable en objetos comunes, sin necesidad de regalar “La cosa” en un enorme sello de los Estados Unidos de América. Bolígrafos o mecheros disponen de cámaras y micros de escaso tamaño y gran potencia y eficacia.

En el terreno de los localizadores, el GPS no estuvo operativo hasta la década de los sesenta, y desde luego no transmitía en tiempo real la posición del objetivo debido a que la flota de satélites que direccionan la información no era tan numerosa. Además, debe añadirse que la globalización ocurrida con la llegada de Internet a finales de dicha época y el desarrollo de ordenadores ha contribuido a una mayor fuente de información y capacidad de investigación reduciendo esfuerzo y tiempo por parte de los investigadores. Así pues, a conclusión que podemos sacar es que la tecnología está a favor del espionaje, y hoy en día es mucho más fácil disponer de material adecuado a las necesidades que hace unos años.

El rol del espía

El rol que efectúa el espía sigue una línea en comparativa con el desempeñado en la década de los cuarenta o cincuenta: misiones encubiertas de gran riesgo desempeñadas durante años. A día de hoy, ese papel se mantiene, pero existe una vertiente que también es conocida como espionaje pero mucha menor escala. Los clientes y objetivos de la investigación no son los gobiernos, sino particulares que desean defender o proteger sus pertenencias o  empresas que quieren descubrir los secretos de sus rivales.

Obviamente el informador que indaga puede trabajar para grandes agencias de renombre y mundialmente conocidas como el MI5, el MI6, la CIA, o incluso en el  FSB o en el CNI, pero cotejando el número de sujetos dedicados a esta profesión antes y ahora, ha habido una masificación. Quizá por eso los requisitos para ser parte de estas organizaciones se hayan visto endurecidos  con los años. Eso sí, se mantiene la cláusula obligatoria de nacionalidad en cada una de ellas, la edad sigue oscilando en menores de treinta y cinco años, y sigue siendo necesario conocer varios idiomas.

El tiempo nos pasa factura a todos, es lógico pensar que las distintas facetas del ámbito detectivesco tiendan a especializarse y modernizarse ya que a medida que los tiempos cambian, las necesidades y posibilidades también.

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