Espías en las Redes Sociales

Facebook, Instagram, Twitter… Las redes sociales son ya una parte de la sociedad. Son lugares donde conocer gente, pero también para compartir pensamientos, fotografías o vídeos que reflejan mucho de cada persona. Todo el mundo conoce su cara amable, pero son pocos los que saben que poseen a su vez un lado oscuro. Es precisamente éste al que se refiere la plataforma virtual de la revista Muy Interesante. Existen un sin fin de espías en las redes sociales, interesados en nuestros datos. Archivos guardados, fotografías, vídeos, búsquedas recientes, blogs o páginas que se visitan… Toda la información que pueda interesar. Esta vez no será extraída de una base datos propiamente dicha, sino de las llamadas “tracking cookies”. El espionaje tecnológico se nutre de estas cookies, que se instalan automáticamente en el ordenador o smarthphone. En la era de la tecnología, huir es imposible, y la privacidad se convierte en un mito.

Espías invisibles

El pasado mes de marzo, Facebook hizo frente a una demanda de un ciudadano estadounidense. Ésta fue

interpuesta por invasión de la intimidad y venta de información a terceros. La empresa de Mark Zuckerberg extrae montones de datos de las cookies del usuario. Las tracking cookies se instalan de forma automática en el dispositivo, y son como un bufet libre de datos. El gigante de las redes sociales niega las acusaciones, aunque no es la primera demanda a la que se enfrenta. En 2012 un juez falló a su favor cuando cuatro personas denunciaron a la empresa. Esta vez fue por violación de las leyes de protección de la intimidad. Esto ocurría al grabar lo que hacen los usuarios cuando no visitan la plataforma. La facilidad con la que controlan la vida de los usuarios y comercian con sus datos es íntimamente escandalosa.

El comercio de los datos

Llama la atención que una empresa de acceso gratuito valga tantos millones de dólares. Si nadie paga por navegar en ella, en teoría no tendría ningún tipo de beneficio del usuario. Pero la realidad es muy diferente. Facebook obtiene información de los datos almacenados de las cookies a cambio de mantener a las personas en contacto. Y es ahí donde verdaderamente reside la trampa: es el propio usuario el que consiente al crearse un perfil. Permite el acceso de la aplicación a toda su información personal a cambio de una cuenta en la red social. Pero el tráfico no se queda en este punto. Al adquirir Facebook la empresa de mensajería instantánea What’sApp obtiene acceso a millones de terminales y agendas. Con ellos, la empresa se asegura un acceso completo a la privacidad del usuario.

Venta consentida de la privacidad

Las palabras de su creador a la hora de describir Facebook fueron reveladoras. “Una residencia de estudiantes bien iluminada donde vayas donde vayas vas a ver a tus amigos”, sentenció. En este claro mensaje no hubo referencia implícita a la vigilancia y venta de tu intimidad. La huella digital que cada usuario deja a través de las cookies es imborrable. Queda sellada en el terminal. Una vez el propietario consiente el acceso íntegro al mismo, ha vendido su privacidad. Lo que obtiene a cambio es el uso de las redes sociales más populares en internet. Actualmente, la red social dispone de un sistema de seguimiento en cada dispositivo electrónico al que pueda acceder. Las armas de espionaje han cambiado, de cámaras y micrófonos a tracking cookies.

La vigilancia orwelliana

Facebook no inventó la vigilancia descrita por George Orwell en su novela 1984. Fue la policía secreta de la República Democrática Alemana a mediados de los 80. Esta organización creó una red para espiar a la ciudadanía con el fin de protegerla. Recabando datos de juzgados, bancos, bibliotecas, aseguradoras, hospitales… Se hizo con el control de la privacidad del estado. Creó al “hombre de cristal”, que viviría en un lugar en el que todo era visible por el bien común. Este proyecto, llamado Regularización del Uso de Datos Almacenados finalizó tras la caída del Muro de Berlín en 1988.

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